La doble ciudadania

Ya que, según el Derecho Internacional, son los Estados quienes regulan los modos y condiciones de adquisición, pérdida y readquisición de la ciudadanía, puede suceder que una persona sea contemporáneamente ciudadana de dos Estados, por haber nacido en el territorio de un Estado que reconoce la ciudadanía en base al principio del ius soli, de padres que pertenecen a otro Estado que reconoce la ciudadanía en base al criterio del

ius sanguinis.

La Ley de 1992 admite en vía General la doble ciudadanía. Quien posea, adquiera o readquiera una ciudadanía extranjera conserva, entonces, la italiana.

La Ley de 1992 no sólo admite que es inevitable, al menos en algunos casos, la doble ciudadanía, sino que tiende a favorecer este fenómeno, para garantizar, que quien adquiere otra ciudadanía conserve sus vínculos con la comunidad nacional de origen

Es posible sin embargo, que en un Estado, la adquisición de la ciudadanía esté subordinada a la renuncia de la ciudadanía de origen.

Además, el hecho de que la ley italiana admita la doble ciudadanía, no significa que este fenómeno sea admitido por la ley de otro Estado.

Puede entonces suceder que la adquisición de la ciudadanía extranjera conlleve, para el ciudadano italiano, la pérdida de la ciudadanía original. Es el caso de aquellos que adquirieron la ciudadanía, transfiriendo su residencia, desde uno de los Países firmantes de la Convención de Estrasburgo del 6 de mayo de 1963 esto es, Austria, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Luxemburgo, Noruega y Suecia